jueves, 10 de diciembre de 2009

La lógica en “La tarea de educar y una discusión que no se ha tenido”.

El debate acerca de la incorporación de profesionales de otras áreas a la educación prevista por la LGE en su artículo 46-g es otro síntoma más de la devaluación social de la pedagogía y de los profesionales de ésta. Las razones del desprestigio de la profesión docente son múltiples y complejas. Atribuir solamente este desprestigio a los magros resultados obtenidos por los jóvenes chilenos en las pruebas internacionales de educación sería un simplismo; no se trata de malos resultados en tal o cual prueba lo que ha provocado la opinión generalizada de que la educación «está mal». Por lo demás, también sería una ingenuidad creer que estos malos resultados o que la disconformidad general sobre la educación sea sólo producto de la baja calidad de los profesores; eso sería una respuesta muy cómoda. Culpar sólo a los docentes sería ignorar las razones históricas, políticas y culturales de esto que hoy llamamos “baja calidad de la educación”.

Este artículo no pretende indagar en las causas de los resultados o calidad del sistema educativo, sino más bien en preguntarse porqué se cree que otros profesionales podrán hacer mejor que los profesores de Chile la tarea profunda de educar.
Llama la atención ver cómo en la mayoría de los medios de comunicación nacionales se difunden, de manera repetitiva, entrevistas, y artículos en los que aparecen diversos «especialistas» en educación defendiendo la necesidad de incluir esta modificación al proyecto de ley. Al mismo tiempo, no aparecen difundidas en estos medios las «voces disidentes», a excepción de la del Colegio de Profesores. El discurso tal como se lo presenta parece llevar el debate de la discusión de este cuestionado artículo 46-g a una tensión entre una «respuesta profesional» al problema versus una «respuesta gremial». Si esa es la tensión de intereses, todos ya sabemos cuál es el resultado de este debate, y cuál es el deber moral de los legisladores al respecto.

Sin embargo, estos mismos medios no hacen referencia a que muchos de los que expresan su adhesión a la modificación de este artículo, no opinan de manera similar cuando se trata del mundo empresarial. Por ejemplo, nadie ha propuesto a filósofos o especialistas en ética para que dirijan los destinos de las cadenas farmacéuticas, por razones que hoy son de público conocimiento.

Cabe entonces preguntarse sobre las razones que motivan este apoyo. ¿Qué les hace creer que profesionales de otras áreas harán mejor que los profesores el trabajo de educar? ¿Será que son profesionales de altísimo nivel? Personalmente no tengo constancia de ello. Es más, me pregunto ¿qué es lo que haría que un profesional, como un ingeniero, que puede obtener, con cierta facilidad, rentas tres o cuatro veces superiores a la de un profesor, opte por trabajar en el sistema educativo? ¿Será, acaso, que no obtiene un empleo en su profesión? Y si no obtiene empleo, ¿qué les hace presumir que un profesional que no ha sido exitoso en su materia, sí lo haría bien como profesor? Está claro que hay detrás de esta posición una serie de suposiciones que son difíciles de sostener o justificar.

Me resultan intrigantes estos cuestionamientos. Además, debo confesar que soy un poco escéptico y no creo en las vocaciones masivas y repentinas. Por lo demás, si algún profesional ha descubierto su vocación docente tardíamente, puede acercarse a algunas de las muchas universidades que brindan programas de segunda titulación en educación para profesionales. Que postule allí; que realice sus pruebas de ingreso en las que demuestre sus conocimientos de las materias del curriculum escolar y que se tome su tiempo para aprender pedagogía. Su tarea es demasiado importante como para improvisar en ella.

Tal como señala el documento de la CDEUCR (Confederación de Decanos de Educación de Universidades del Consejo de Rectores), todos los países de alto desarrollo humano y económico han dado un papel prioritario a la educación y a los cuadros que en ella trabajan: sus profesores. En el caso de Chile, si se considera que el problema del sistema educativo son sus profesores, la solución no parece ser que otros, de los que tampoco tenemos ninguna certeza de sus conocimientos y, mucho menos, de sus competencias pedagógicas, ocupen su lugar. Esta salida no parece abordar el problema de manera seria; más que tomar el toro por las astas, es querer agarrarlo por la pezuña izquierda.

En mi opinión, el debate sobre este artículo no hace más que develar propósitos y problemas que son de otra índole. Por ejemplo, ¿por qué sobran profesionales en otras áreas? Si no sobraran, no veo porqué quisieran cambiar de profesión, teniendo presente que la pedagogía es la peor pagada de todas ellas. Nos falta tomar consciencia de que no hemos sido capaces de tener, como país, un sistema productivo capaz de absorber la creciente cantidad de profesionales que las instituciones de Educación Superior están formando. Consiguientemente, cabe preguntarse sobre las causas (y las consecuencias) de esta situación por demás delicada. Así, la discusión sobre el «lucro» en la educación recobra relevancia, pero lo resignifica: el problema no es que exista lucro, la dificultad está en hacer de esto un negocio. ¿No será hora de ver cómo se regula la oferta de cupos de formación universitaria y profesional? El mercado no parece ser un buen árbitro; todo ha mostrado en el mundo que no lo ha sido, no veo porqué acá en Chile sí lo sería.

Estas reflexiones no hacen más que mostrar que una decisión de este tipo no tiene un fundamento sólido y refleja, por otra parte, una minusvaloración de más de un siglo de reflexión y de trabajo académico. Si sólo bastara con saber ciertos contenidos (en el caso supuesto que otros profesionales sí los tuvieran) para ser buen profesor, no vale la pena, siquiera, discutir sobre la aprobación de este artículo. Con eso pierde todo sentido indagar o preocuparse sobre la psicología cognitiva o la didáctica o el currículum, etc., etc. No vale la pena estudiar los planteamientos de figuras de las tallas de Piaget, Dewey, Delohrs, Stenhouse, Freire, etc., etc..

Pareciera, en fin, que las razones que mueven a algunos a promover la incorporación al sistema educativo de profesionales de otras áreas para que actúen como profesores tienen su origen en una ignorancia flagrante o en fundamentos político-ideológicos. Yo me inclino por esta segunda opción, pero lamentablemente, la discusión de estos fundamentos se omite, se oculta o se evita por motivos que no conozco y que no termino de comprender.


Análisis del cuarto artículo

1.- El propósito principal de este artículo es dar a conocer el descontento del autor en cuanto al artículo 46-g de la LGE.

2.- La pregunta clave que el autor trata de contestar es:

¿Por qué se cree que otros profesionales podrán hacer mejor que los profesores de Chile la tarea profunda de educar?

3.- La información más importante en este artículo es:

- Artículo 46-g de la LGE

4.- Las inferencias/conclusiones de este artículo son:

El autor concluye que nada nos asegura que aquellos profesionales que ejerzan como docentes harán bien su trabajo, tomando en cuanta que si es que optaran por esta opción laboral lo haría por no tener trabajo en su propia área, esto no es un buen antecedente a favor de estos.

Además se dice que estos profesionales no poseen conocimientos pedagógicos, los cuales son importantísimos al momento de impartir una clase.

Otra conclusión clave a la que llega el autor en el artículo es cuando se refiere a la colusión de las cadenas farmacéuticas, se pregunta porqué no se plantea la posibilidad de contratar filósofos o especialistas en ética para dirigir dichas empresas, tratando de relacionar aquello con la controversial LGE.

5.- Los conceptos claves que se necesitan entender en este artículo son:

- Artículo 46-g de la LGE: El artículo que permite que profesionales de diversas áreas trabajen como profesores.

6.- Los supuestos de los que parte el autor son:

La extraña certeza de las autoridades para asegurar que los profesionales de otras áreas realizaran un buen trabajo pedagógico no siendo profesores.

7.- a) Las implicaciones que habría que afrontar si se toma en serio el planteamiento son:

Que no se permita por ningún motivo que personas ajenas al área educacional realicen prácticas pedagógicas ya que estas corresponden exclusivamente a los docentes.

Si se tomara en cuanta el articulo se debería discutir el tema y analizar la posibilidad de sacar el articulo 46-g de la LGE, para que solo las personas capacitadas para ejercer la educación lo hagan.

7.-b) Las implicaciones que habría que afrontar si no se toma en serio el planteamiento son:

Puede ocurrir que la ley continúe tal y como está y los docentes cada vez tendrán menos campo laboral, tomando en cuanta la cantidad de profesores que se titulan anualmente y además esta ley que permite que cualquier profesional ejerza como docente.

Sin embargo creo que esta controversia también puede tener su lado positivo, ya que los docentes deberán preocuparse más de su especialización, de hacer bien su trabajo, de capacitarse y no quedarse estancados, esto podría beneficiar a muchos estudiantes y a la educación en general, ojala los docentes lo vieran así, como un desafío.

8.- Los puntos de vista principales que se presentan en este artículo son:

Creo que el autor mira desde el punto de vista docente, habla desde el lugar de un profesor molesto por que ciertas personas se sientan con el derecho de poner en un cargo tan importante que es el de ser profesor a profesionales que nada tiene que ver con el área pedagógica.

Hace una crítica constructiva al sistema exponiendo su punto de vista en cuanto al tema, el cual definitivamente está en contra del artículo 46-g.

9.- El resumen que yo haría del artículo sería:

Bueno el articulo comienza explicando un poco de que se trata el artículo 46-g de la LGE, luego el autor expresa que no es sano culpar a los malos resultados de los jóvenes chilenos, o a los docentes por la mala calidad de la educación, esto sería ignorar las razones históricas, políticas y culturales que nos llevaron a este punto.

Luego expresa su puntote vista en cuanto a este articulo planteando una seria de motivos por los cuales no cree necesario que otros profesionales se hagan cargo de la educación.

Finalmente trata de entender un poco a las personas que promover la incorporación de estos profesionales al área educacional planteándose la inquietud de porqué este problema no se discute y por el contario, se oculta y se evade.

10.- Mi evaluación crítica del artículo es la siguiente:

Creo que este artículo en particular es muy asertivo, y representa claramente mi pensamiento al respecto de esta famosa y controversial LGE.

El autor expresa de manera muy clara su opinión y entrega razones muy fundamentadas para defender su posición.

Me gustó mucho la analogía que hace con la colusión de las farmacias, creo que como se dice “le pegó al clavo”. No tan solo en la educación hay malos profesionales, sé que hay falencias en el sistema y que es necesario arreglar muchas cosas, pero esa no es la manera de arreglar la situación, hay que tratar de dar soluciones desde adentro y no buscar soluciones donde no las hay.



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